Sunday, 25 May 2014

Una cerilla para mis barcos.

No tengo derecho
a ésto que me hago,
empalmar días sin noches
como cables
con cinta aislante.

Masacrarme una y otra vez,
angustiado,
atento (en sus dos acepciones) a:
"¿Qué será de ella?"

Debo aprender a odiarte
como nunca,
nunca odié,
a fingirme que el mundo
es un mejor lugar sin tí.

A odiarte,
no por rechazar una polla,
(¿y a quién le importa ya éso?)
sino por reducirme a éso,
no viste más allá.

Y te hice excusas
"la habré asustado",
"dale tiempo",
"igual quería no hacerme daño".

La navaja de Ockham en los riñones,
insistiendo,
mientras me aplicaba tiritas
de haiku y de razón,
sangrando a fuego lento,
inexorable.

La respuesta más simple,
con menor número de entidades
se impone.
La realidad es terca.

Debo considerarte inhumana,
desprovista de empatía,
que sólo usa a conveniencia.
¿Por qué me resulta imposible?
Maldita evidencia contradictoria.

Maldito escepticismo
que me impide echar mano del estereotipo



No comments:

Post a Comment